YO ESTUVE EN VENUS

SALVADOR VILLANUEVA MEDINA


Del original:
HABLEMOS DE VENUS
Salvador Villanueva Medina
Tercera edición
Colombia 1973




PROLOGO

Conozco muy bien a Salvador Villanueva Medina, autor del presente libro. Es amigo.
 En nombre (de la verdad debo decir con cierto énfasis que este es un hombre totalmente práctico; nadatiene de fantástico; nunca lo hemos visto en ensoñaciones de ninguna clase.

En el pasado se ganó la vida como chofer y ahora lo hemos visto dedicado a eso que se llama mecánica de automóviles. Es si, un hombre ejemplar, fuera de toda duda. Magnífico esposo, padre honorable de familia, buen amigo, etc.

El presente libro no le ha dado más que amarguras. Su obra se ha reproducido en muchos idiomas, se conoce en países como Alemania, Japón, Estados Unidos, etc. etc. etc.

Salvador Villanueva Medina no ha ganado un centavo con este libro; empero se venden por doquiera millones de ejemplares y eso de por sí es asombroso. Salvador ha renunciado a sus derechos de autor por amor a la humanidad doliente.

Este hombre cuenta sencillamente lo que le sucedió y eso es todo. Considera como un deber narrar a sus semejantes lo que le acaeció y nada más; no anda buscando dinero; dice la verdad y nada más que la verdad.

Algunos psiquiatras examinaron a Salvador, llegando después de muchos análisis a la
conclusión lógica de que este autor es un hombre inteligente, cabal, equilibrado.

Así como a él le sucedió algo notable cual fue el haber sido llevado al planeta Venus, a
cualquier otra persona le hubiera podido suceder lo mismo. Salvador se limita a relatar el hecho y eso es todo.

La casa Phillips examinó muestras de tierra y plantas extraídas del lugar donde el mencionado autor encontrara la nave que le condujera a Venus; llegaron los científicos a descubrir un extraño desorden atómico y molecular en dichas muestras.

La nave dejó huellas que los científicos fotografiaron debidamente: Así pues el hecho o
hechos narrados por Salvador tiene pruebas irrefutables; bases formidables.

EL MOVIMIENTO GNÓSTICO CRISTIANO UNIVERSAL está de plácemes con este gran evento cósmico cuyo personaje central fuera Salvador Villanueva Medina, hombre sincero y honrado.

Siempre hemos dicho que la tierra no es el único mundo habitado y esto ha quedado
totalmente demostrado con el caso vivido por Salvador. Varios terrícolas han sido llevados a otros mundos como lo pudo evidenciar Salvador al encontrar en Venus a dos Franceses que de ninguna manera desean volver a la tierra.

Antes de el cataclismo final que se avecina, serán sacados de este mundo en que vivimos los elementos más dignos; la flor y nata de nuestra gente terrestre.


PAZ INVERENCIAL.

SAMAEL AUN WEOR


PARA QUE TODOS SEPAN...

La experiencia vivida por Don Salvador Villanueva Medina en 1953 ha dado origen a este libro, el cual ha sido traducido ya a 6 idiomas; tan solo en Alemania se han vendido 80 mil ejemplares; el propio Don Salvador Villanueva Medina, ha renunciado a todos los derechos literarios para demostrar así que la magnitud de esta experiencia no fue para que él lucrara.


A MANERA DE PROLOGO

El mes de agosto ha resultado para mí significativo, pues fue en él cuando vi la luz primera, aunque de ello a la fecha ha transcurrido cerca de medio siglo.

Fue también en un mes de agosto cuando tuve el privilegio mayor que un individuo pudiera desear. En ambos casos la aventura ha sido sin mi conocimiento.

La primera puede acreditarse con mi nacimiento; la segunda resulta difícil de probar porque ni siquiera había testigos; pero ha salido esta última más rica en incidentes que la primera.

De éstos, el que más hondas raíces echó en mi ánimo, se lo debo a un chofer. Fue él la
primera persona que se puso a mi alcance cuando terminaba esta fantástica aventura. Se me hizo fácil desbordar mi optimismo sin imaginar siquiera sus consecuencias que me situaban en el límite de lo sublime y lo ridículo.

Pero traté de aprovechar mi experiencia. De ahí en adelante, anduve con mayor cuidado, aunque a decir verdad a esta táctica tampoco pude sacarle gran provecho.

Confieso que, después del primer descalabro, con suma facilidad hubiera encerrado dentro de mi ser la gloriosa experiencia, aunque a las personas que la propiciaron les había prometido hacerla pública. Durante año y medio hice caso omiso de esta promesa y me apoyaba, para hacerme fuerte, en que mi preparación intelectual era nula. Estas gentes insistieron asegurándome que se valdrían de algún medio para ayudarme en el trascendental cometido.

No me pareció raro ver en las primeras planas de los periódicos noticias acerca de personas que habían tenido experiencias similares a la mía, aunque de menor magnitud.

De nuevo empezó a bullir dentro de mi la curiosidad por saber si me creerían. Me proponía contárselo todo a un intelectual y creo que estuve atinado en la elección.

Por aquellos días un periodista que bajo el seudónimo de M. Ge Be escribía una serie de artículos sobre el tema llamó ni atención. Por la seriedad con que actuaba, decidí interesarlo mandándole una parte del relato, pues no podía desterrar de mí la incertidumbre que provocara el amigo chofer y por lo tanto juzgo que de nuevo cometí un error, no contándole a este hombre la experiencia con lujo de detalles.

Porque ahora era él quien tomaba con recelo mis palabras y, aunque me dio oportunidad de justificarme, creo que no la supe aprovechar, ahondando más la desconfianza.

Por esos días estaba en México de vacaciones un matrimonio norteamericano, que había tenido oportunidad de ver una nave espacial a poca altura y les entusiasmó tanto que decidieron documentarse debidamente y dictar algunas conferencias.

En México se pusieron en contacto con el señor M. Ge Be, quien tuvo la gentileza de
invitarme a la primera conferencia dictada por ellos en la capital.

Concurrieron a ésta unas trescientas entusiastas personas, la mayoría documentadas y algunas con experiencias personales.

También los periodistas hicieron acto de presencia, por lo que resultó interesante el nuevo incidente que iba a aumentar mi acervo personal.

En compañía de mi hijo mayor, ocupamos un rincón del salón, dejando que transcurriera el acto. Los ánimos se caldearon. Varias personas subieron al estrado a relatar su experiencia, aumentando el interés de los concurrentes.

De repente, la persona que dictaba la conferencia, en un recurso de oratoria, pregunté si alguno de los presentes había establecido contacto con los tripulantes de las naves espaciales.

La pregunta hizo un efecto fulminante en mí que, sin saber con certeza el alcance de mi
repentina decisión y sintiendo que una fuerza extraordinaria me obligaba a ello, levanté la mano, siendo invitado al estrado ante la expectativa general.

Solo había caminado unos pasos, cuando ya estaba arrepentido; pero seguí adelante.
Afortunadamente me trataron con cortesía, y hasta hubo un gran escritor, don Francisco Struk, allí presente, que salió en mi defensa, dando crédito a mis palabras, en lo que se calmó la efervescencia que había provocado.

Los norteamericanos se interesaron en la investigación de mi relato y, en combinación con el señor M. Ge Be, me invitaron a que les enseñara el lugar en que vi y abordé la nave.
En esta ocasión nos acompañó un ingeniero militar, profesor de matemáticas de nacionalidad norteamericana, y Salvador Gutiérrez, joven experimentado fotógrafo de prensa. La excursión fue un éxito.

El ingeniero guiado por mí, hizo cálculos y no tardamos en localizar el sitio exacto,
comprobando las dimensiones del aparato. Esto me hizo recobrar la confianza que me había hecho perder el amigo chofer, y adquirí un nuevo conocimiento: que las naves aludidas dejan donde aterrizan, siempre en despoblado, una huella.

En el caso que nos ocupa, como aterrizó en un lugar cubierto de vegetación que alcanzaba gran altura, ésta fue quemada en forma rara, para nosotros desconocida y así estaba año y medio después.

Trajimos muestras de tierra, de dentro y fuera de la huella, que fue analizada en los
laboratorios Phillips, y se pudo comprobar que en ambas muestras había una diferencia molecular muy marcada. Poco después vino de California, E. U. , el señor Jorge Adamski.

Dictó también una conferencia sobre el tema en el teatro Insurgentes, y aseguró que había tenido numerosos contactos con los tripulantes de las naves.

Le fui presentado en casa del señor M. Ge. Be. y me limité a contestar sus preguntas; pero sin extenderme.

Tenía entonces la firme convicción de que ninguna de las personas que había conocido, gozaran de mayor experiencia que yo, y me parecía que sólo buscaban para su provecho personal mis confesiones.

También pasó por esta capital el escritor inglés Mr. Desmond Leslie y tuve oportunidad de conocerlo y acompañarlo durante día y medio, gracias al interés del acucioso investigador y periodista señor M. Ge. Be. que no se daba punto de reposo para aprovechar cuanta oportunidad se le presentaba para investigar mis experiencias.

Debo aclarar, como ya dije antes, que tampoco al periodista le había contado la experiencia completa. Como a las demás personas, me limité a relatarle solo una parte, ya que el resto lo juzgaba inverosímil. Temía que me ridiculizaran, pues entonces ya creía justo que nadie creyera lo que no había visto con sus propios ojos.

Sin embargo, seguía haciendo estragos en mi mente la promesa que les había hecho a los tripulantes de la nave espacial.

Y éste es el motivo por el que decidí escribir mi relato con amplitud y sin las limitaciones que impone el periodismo. Espero que perdonen mi osadía.

Para las personas versadas en telepatía, relato al final de este trabajo algo que he tenido el martirio de captar sin poder descifrar enteramente; pero que juzgo como un apremio cumplir mi palabra empeñada.


SOLIM SA LA RA

PAZ INVERENCIAL

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