VIAJE EN UN DESLIZADOR MAGNÉTICO DE FORMA HEXAGONAL

Capitulo XLIV

Con un estudiante del camino, nos trasladamos a un lugar especifico donde con alegría se nos permitió viajar en un transporte para dos personas.

Su forma es exactamente la de un hexágono. Lisa la superficie en la parte superior, de unos 25 centímetros de ancho; al subirnos a la plataforma, nos sentamos sobre su superficie, con las piernas cruzadas como se nos indico, para mejor estabilidad nuestra.

“Este deslizador magnético estaba equipado con un campo de fuerza que impedía chocar", es decir, repelía los obstáculos que se aparecieran en su trayectoria, cambiando de ruta.

Aunque se podía conducir independientemente, a la ves estaba conectado a la nave, y desde ahí se podía manejar a control remoto; todo esto se nos explico.

El campo electromagnético al encenderse la unidad, fijo nuestros cuerpos a la misma, impidiendo con esto que nos pudiéramos caer en caso de sentir temor, como parte de la misma nave. No importando a que velocidad se desplace la unidad, y además “el campo electromagnético que nos circundaba nos impedía sentir el aire o la presión del viento, es decir, nos desplazamos como dentro de una burbuja de aire.
además para mi asombro, dotado de finísimos sensores que obedecía a los pensamientos instintivos o conscientes de este conductor. Una T sobresale del piso al alcance de mi mano que también sirve para conducir mecánicamente la unidad o simplemente por medio automático a través de las impresiones cerebrales que recibe la computadora del deslizador magnético en que nos encontrábamos.


En la T hay una serie de teclas o botones para ascensión, velocidad, altura, etc., en caso que se quiera conducir mecánicamente.

Con una tabla para deslizarse sobre las olas, nos levantamos suavemente de la superficie y automáticamente a “voluntado muy despacio inicialmente, nos desplazamos a gusto sintiendo alegría de niños jugando, adaptándonos poco a poco a la nave tomándole confianza.

Fuimos aumentando la velocidad que no se sentía, hasta llegar aproximadamente a unos 200 kilómetros por hora, después de un buen rato y de adaptarnos perfectamente a la unidad.

Sobre los árboles planeamos exquisitamente, penetramos luego una llanura y casi al ras del piso nos desplazamos para penetrar a un pinar. Mas enfrente encontramos unos frondosos árboles de pino.

Dos árboles al frente nuestro, dejando un espacio de un metro diez centímetros entre ellos; el deslizador como caprichosamente lo llamo, era de ancho de 1.50 metros.
Merme la velocidad a unos 90 kilómetros por hora y “he aquí el milagro de la ciencia extraterrestre, mi compañera se lleno de miedo frenando con su voluntad la unidad, a la vez que abrió el campo electromagnético del deslizador y como íbamos a un metro de altura se bajo de la unidad saltando rápidamente. Ella pensó que nos íbamos a estrellar y ese fue un error, producto del temor.

Confieso que no sentí un átomo de miedo y la unidad siendo 40 centímetros mas grande que el espacio que tenia al frente, se desplazo tomando de nuevo la velocidad anterior y repito: “he aquí el milagro de la ciencia extraterrestre, la unidad observaba y conectada a la nave madre, activo el movimiento electrónico y molecular del deslizador y de mi cuerpo que formábamos una sola unidad.

Y traspase el espacio y los dos árboles sin dañarlos a través del hiperespacio, di la vuelta suavemente, recogí a mi compañera de viaje y por buen tiempo nos deslizamos muy alegres en esta maravillosa unidad, para ir a entregarla al lugar de partida.

Verdad lector que parece cuento de Walt Disney o caricatura de Peter Pan, mas le quiero informar que es tan real como el libro que tiene en la mano.


Se nos permitió el lujo de viajar en esta unidad, que llamamos aquí deslizador magnético.
SOLIM SA LA RA.


PAZ INVERENCIAL.

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