Tres Naves Cósmicas Descienden

Capitulo XLVIII

 
Entrevista con un Hombre de Marte

Siempre pensando en ellos con mente y corazón, y pureza de sentimiento. En un pequeño poblado de la sierra, surcaron el espacio tres naves cósmicas que vistas por debajo su superficie era lisa de color aluminio brillante, irradiando luz blanca a su alrededor.


Se desplazaron por unos momentos en distintas direcciones, las pocas personas que me di cuenta que las observaron formaron un gran alboroto, parecían desquiciados y unos con pánico corrieron.

Al captar tal situación, hube de salir del lugar caminando para retirarme lo mas lejos posible del pequeño caserío y me interne en la espesura de la noche, llegando a la base de un cerro semi plano que conocía. A un costado de este cerro había una semi cueva y a su entrada me acerque como se me indico, para esos momentos sabia que una nave había descendido cerca y a las otras un poco mas retirado.

Pasados unos momentos y en expectativa escuche pasos, observando la silueta de un hombre que se acercaba.

Al estar frente a mi “coloque mi mano izquierda en el plexo solar, levante la mano derecha en alto con el codo doblado y le dije “Paz Inverencial", el respondió exactamente igual levantando totalmente la mano derecha hacia arriba, quedando esta vertical y paralela al cuerpo físico. SU saludo fue el de un hombre del planeta Marte.

traía un traje muy luminoso de color plata brillante, que le cubría todo el cuerpo, llegando hasta el cuello, resaltando el puño de las manos terminando en guantes que cubrían las mismas. También le cubrían sus pies con una suela mas gruesa del mismo material del traje.

La piel de su cara blanca de cabellos rubios, rizados hermosamente, sus ojos de color azul celeste muy limpios resaltando su apariencia. La altura de su cuerpo sobrepasaba 1.80 metros, de facciones muy finas pero a la vez resaltaba la virilidad masculina, reflejando un hermoso rostro.

Después del saludo y sin ningún preámbulo le dije directamente: tengo “Ego", con sentimiento de humildad y tristeza.

Y cuerpos lunares por mi naturaleza animal. Contestando así a la vez que con el dedo índice de su mano derecha se señalaba el corazón: “También tengo Ego, pero menos del 3% y controlado".

Parados los dos a la entrada de la cueva entre la noche deliciosa, con mucha sabiduría y elocuencia me explico ciertos conocimientos y aspectos fundamentales de su planeta Marte. Le dije casi interrumpiéndolo:

“Mi hija Quetzalli fue llevada al planeta Venus. Y contesto: “Es que ella es de Venus, ha venido a asimilar el Sol y la Vía Láctea dentro de su interior. Luego me dio otras enseñanzas y platicando estábamos cuando vimos que se acercaban curiosos atraídos por la naves”.

Como era de noche y estaba colocado de tal manera que su traje no reflejaba luz, cambio de tema inmediatamente y se comporto como una persona común y corriente, hice lo mismo esperando que pasaran cerca de nosotros aquellas personas, que pensaron que éramos dos individuos platicando en la noche.

Después se despidió: “Buenas Noches", y partió en la oscuridad hasta donde había dejado su nave.

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